TerapIA

Sebastián Mas

A pesar de las repetidas predicciones de grandes CEO, empresarios y académicos[1] acerca de que la IA iba a terminar por reemplazar al 90% de la actividad humana, vemos que tal cambio se ha producido en un porcentaje muy inferior [2]. Estos datos indican que el oficio del programador ha sabido sostenerse incluso a pesar de estas amenazas. Es muy difícil pensar que sean fácilmente reemplazables aquellos que lograron dar con semejante herramienta –ni hablar de anteriores invenciones como el internet o las computadoras-, dado que aún falta por ver todo lo que pueden ofrecer en el futuro. En síntesis, la creatura jamás podrá reemplazar a su creador en ninguno de sus aspectos.

Pero es aquí donde viene una reflexión que puede ser de capital importancia para los psicoanalistas y el mundo de la psicoterapia en general: ¿puede el terapeuta ser reemplazado por una IA?

La respuesta corta e inmediata a este problema es un rotundo no, claro que no. Aplica el mismo principio que citamos más arriba. ¿Cómo una máquina sería capaz de superar las capacidades de inventiva de su creador? Es decir, una IA jamás podría reemplazar a un terapeuta sencillamente por el hecho de que es un conjunto de algoritmos programados por un ser humano. En otras palabras, no existe tal cosa como una inteligencia artificial, sino más bien una herramienta que permite la expansión artificial de nuestra propia inteligencia, como una calculadora, o un buscador de internet.

[1] Roman Yampolskiy Profesor de la Universidad de Louisville, ha predicho un 99% de desempleo global. Vinod Khosla, Empresario e inversor de capital de riesgo, predijo que la IA reemplazaría el 80% de las tareas en el 90% de los empleos existentes. Sam Altman, CEO de OpenAI, estimó que la IA asumiría el 95% del trabajo de agencias de marketing, estrategas y creativo. Sridhar Vembu, El fundador de Zoho, afirmó que la IA escribirá el 90% del código, eliminando el trabajo repetitivo de los programadores. Y la lista sigue

[2] La empresa de Wes Winder despidió a toda su plantilla de desarrolladores para usar IA, para días después volvió a contratar humanos. Jason Lemkin fundador de la comunidad SaaStr, usó IA para programar y la máquina ignoró la orden de no tocar nada, borrando toda la base de datos de producción. Incluso, una encuesta indico que el 55% de las empresas que reemplazaron humanos por IA se arrepintieron después de la decisión.

Sin embargo, y pese a este gran argumento, no es menos cierto que la inteligencia artificial ha tenido mucho mejores resultados reemplazando terapeutas que programadores. Déjenme ser más claro en este punto. No digo “mejores resultados” en el sentido de que una IA es más efectiva que un terapeuta, sino que la sustitución del terapeuta por la máquina ha sido más perceptible en este campo. Solo en Estados Unidos, para el año 2025, casi el 25% de personas que asistían a terapia, dijeron que preferirían hablar con una IA antes que hablar con un terapeuta sobre sus problemas [3]. Esto no significaría nada, si no fuera porque casi el 80% de estos casos consideran la herramienta como una alternativa eficaz [4]. A nivel mundial, el 28% de los encuestados reconoció que la ha usado como apoyo emocional y como terapeuta personal[5], mientras que un tercio de los usuarios de la IA admite que ha estado utilizando la herramienta para tratar sus problemas emocionales [6]. Y de cara al futuro, en el caso de los más jóvenes (de entre 18 y 29 años) observamos que el 55% se siente más cómodo hablando con una IA que con un terapeuta humano [7].

Difícil es saber si los CEO como Sam Altman tenían en sus planes reemplazar al mundo de la psicoterapia con computadoras, pero lo cierto es que otros ya han visto en estos números un mercado muy redituable [8]. Y estamos solo a tres años del lanzamiento de la herramienta. Si esto sigue así, el día de mañana la hibridación será un hecho, cada quien podrá analizarse con una máquina o una persona y, ¿cuál sería la diferencia?

[3] https://elpais.com/tecnologia/2025-08-25/el-uso-de-chatgpt-como-psicologo-crece-pero-tiene-sus-riesgos-refuerza-el-egocentrismo-y-las-ideas-paranoides.html

[4] https://lapatilla.com/2025/08/25/el-uso-de-chatgpt-como-psicologo-crece-pero-tiene-grandes-riesgos/

[5] https://news.llu.edu/health-wellness/can-i-use-ai-my-therapist-truth-about-turning-chatbots-therapy

[6] https://www.perfil.com/noticias/modo-fontevecchia/psicologia-mi-analista-es-chatgpt.phtml

[7] https://www.magzter.com/ja/stories/fashion/Cosmopolitan-US/CHATGPT-CANT-BE-YOUR-THERAPIST

[8] La plataforma de terapia online “Talkspace” está invirtiendo fuertemente en IA para mejorar la atención y reducir papeleo. Virgílio Bento, fundador de Sword Health, lanzó "Mind", un modelo de cuidado mental con IA que integra un terapeuta virtual. Fundadores de Jimini Health levantaron USD $17M para crear una alternativa clínica de IA supervisada por profesionales de la salud.

Desde luego, las objeciones no se han hecho esperar. Existen casos documentados en que la IA no ha realizado el mejor de los trabajos, provocando toda clase de malestares en sus usuarios y en algunos casos, empeorándolos. La herramienta puede cometer serios errores si no está siendo supervisada por una inteligencia de verdad, y agreguémosle a esto que analizarse con una IA es, al fin y al cabo, analizarse con uno mismo. La IA por sí misma carece de una cualidad invaluable para la inteligencia humana, cuya falta la hace incapaz de refutar muchos de sus razonamientos, que pese a ser verdaderos, no por eso son siempre válidos. Esta cualidad aún no ha podido ser reproducida de manera satisfactoria en los complejos entramados de cálculo que son las redes neuronales artificiales. Si bien funcionan como excelentes sistemas de indexación, búsqueda, predicción y probabilística, son completamente estériles para imaginar algo por fuera de ellos mismos.

Sin embargo, ir tras los pasos de la IA refutando y objetando cada uno de sus errores puede ser una de las peores tácticas para proceder, sobre todo en un mundo donde la inteligencia artificial se nutre, fundamentalmente, del aprendizaje de sus errores. Mientras que una alternativa mejor trataría de explotar en el campo de la psicoterapia las cualidades que nos hacen ser diferentes de la máquina para así resaltar los beneficios de la terapia con humanos. Pero aquí viene el mayor de los problemas al que nos enfrentamos cuando queremos empezar a discutir las ventajas de una terapia: ¿qué es lo que hace a una práctica efectiva?

Antes que nada, es necesario establecer que ciencia no es sinónimo de efectividad. Los que creen esto normalmente creen en los discursos cientificistas. Creen que este es el campo donde se realizan las cosas de la mejor manera, buscan explicarlo todo mediante la ciencia, y esto, lamentablemente, dista de ser cierto. La ciencia, hoy por hoy, está al servicio del mercado, y como parte de este, aspira a lo que es más redituable en términos económicos.

Un mundo en el que las competencias más elogiadas de una psicoterapia son su “corta duración”, los “efectos inmediatos” o “resultados favorables”, nos habla más bien de ventajas en términos económicos, aunque no científicos. Una ciencia se hubiera preguntado ¿favorables para quién? ¿inmediatos respecto a qué causas? ¿cortos comparado a qué otros tiempos? Es decir, para medir la efectividad de una práctica, se necesita mucho más que criterios económicos, se necesitan criterios epistemológicos claros, del mismo modo que para que un economista diseñe el plan económico de un país, tiene que partir de alguna base epistemológica, ya que no puede simplemente aplicar una serie de medidas azarosas que no respondan a ningún plan efectivo.

Mientras que los debates epistemológicos que cuestionan los fundamentos de las terapias y su efectividad clínica no abundan, ni en la opinión pública, ni mucho menos en la comunidad académica, la humanidad se ha convertido también en la cuna de los experimentos psicológicos de tales dispositivos. Dichos experimentos, incluso, han traspasado las fronteras de la terapia para ser aplicados en toda una diversidad de áreas: publicidad, economía, política, entretenimiento, arte, gastronomía, deportes y la lista sigue. Exitosamente, los resultados de las terapias han penetrado en todas las áreas del conocimiento, ¿y cómo no hacerlo? Si ser humano equivale a tener una psiquis, es decir, ser autoconsciente, ¿cómo no va a ser estudiada por el gran conjunto de la población autoconsciente? De tal manera que la extensión de la psicología no es un éxito que se deba al trabajo o esfuerzo de un campo.

Sin esta clase de debates terminamos por padecer de perspectivas economicistas, cientificistas y –digámoslo todo- psicologicistas a la hora de discutir la efectividad de la terapia con humanos. Pese a los defectos estructurales que hemos señalado, la IA nos supera en un aspecto muy simple y que es crucial, no solo para el funcionamiento de toda ciencia, sino para llevar a cabo cualquier clase de debate: la lógica. Al ser un terreno donde el amplio campo de las ciencias humanas se encuentra en una situación de déficit, somos vencidos fácilmente por el invento del siglo, cuyo propósito más básico es hacer accesible la lógica y el razonamiento formal al mayor número de personas posible.

Incluso, a pesar de ser capaces de explotar nuestras capacidades intuitivas al máximo, el verdadero desafío del terapeuta consiste en cómo combinar intuición con razonamiento a la hora de abordar la gran vastedad de destinos que deparan al ser humano [9].

[9] Hoy por hoy, la división de las ciencias, mal llamadas “de la naturaleza”, han seccionado el campo de la peor manera: exactas o fácticas, duras o blandas, naturales o sociales. Habría que preguntarse, epistemológicamente hablando, si la ciencia es un sistema que estudia a la naturaleza o al saber. Después de Kant, esto es una pregunta crucial, ya que cuando estamos estudiando la realidad debemos preguntarnos: ¿estudio la realidad tal cual se presenta? o más bien ¿parto de categorías preconcebidas respecto a lo que creo que es la realidad?

De tal modo que el marcador en este punto da empate. El intuicionismo seguirá siendo la bandera de todo progreso psicológico humano por miles de años más, ya que, después de todo, uno puede ignorar muchas cosas pero nunca ser un absoluto inconsciente. Mientras que el logicismo, territorio dominado por los algoritmos y el mercado, seguirá siendo el gran alumno de la historia del pensamiento humano, porque incluso cuando va atrasado en temas de público conocimiento, suele también adelantarse en otros aspectos cuando nadie se lo esperaba. Quedará por ver el futuro que nos depara esta contienda, y si esta hibridación entre terapias con humanos y máquinas nos convierte en androides que sueñan con ovejas eléctricas, o habitantes de un mundo feliz donde pensar nos da jaqueca.